Las consecuencias físicas del estrés

El ajetreo de la ciudad, los problemas en casa, en el trabajo, el regreso de las vacaciones… Todos, son circunstancias que influyen en nosotros y nos modifican tanto por dentro como por fuera.

Psicológicamente, acaban minando la moral y la autoestima sí no les encontramos una rápida solución, pero físicamente también repercuten en nuestro cuerpo, ocasionando las típicas preguntas ante todos los que nos ven que dicen ¿Estás bien, pareces cansada? ó ¿Estás muy delgada, te pasa algo?

Los efectos del estrés en nuestro físico, suelen aparecer en la piel y en el peso en un primer momento.

La piel, es el órgano mas grande de nuestro cuerpo y por eso el que más achaca el estrés que sufrimos, según el Dr. Ricardo Ruiz, dermatólogo de la Clínica Dermatológica Internacional, “piel y mente están estrechamente relacionados y las consecuencias psicológicas repercuten rápidamente en la piel con problemas como el acné, rosácea, dermatitis seborreica, psoriasis o sudoración excesiva”.

Las consecuencias del estrés sobre la piel aportan un contenido negativo estético sobre nuestra imagen y esto provoca otra fuente de estrés, muchas personas que reflejan su estrés a través del acne sufren heridas al rascar el sarpullido por ejemplo.

El pelo, también sufre estos daños, por ejemplo, la alopecia o la aparición de canas son dos reflejos de padecer este estado anímico, además el estrés también afecta al crecimiento del mismo haciendo que este se estanque.

Las uñas, se debilitan y son más propensas a partirse o a no crecer, incluso tienden a amarillearse ofreciendo un aspecto insano.

El peso, al igual que el resto de los aspectos tratados anteriormente también se ve modificado cuando estamos pasando por este estado anímico. En algunas ocasiones suele aumentar, pero normalmente, la pérdida de varios kilos es lo que encontramos cuando subimos a la báscula.

La falta de apetito y desgana son las principales causas de esta perdida de peso, la ausencia de motivación y la preocupación que nos da vueltas por la cabeza no deja que nuestro estómago haga espacio a la comida y se refleje en un aspecto mas demacrado que hace que  nuestro entorno se preocupe.

Cómo podemos observar, son muchas las consecuencias que reflejan este estado, sin olvidarnos de las psicológicas, por eso, en el momento en el que comencemos a sentir esta dolencia debemos acudir al especialista, para que este analice la situación y nos paute un tratamiento a seguir.

La realización de deportes al aire libre, creación de espacios de ocio en nuestra rutina o la hipnosis, pueden ser buenos aliados para evitar el tan temido estrés y así no tener que recurrir a medicaciones más fuertes para nuestro organismo como son los antidepresivos.

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